
Volvió el fútbol. Esa es la noticia. Lo hizo no en su mejor forma, pero se sabe, en época de pretemporada algunas excusas gozan de mejor salud que con el torneo ya empezado. Ahí no se puede decir que los músculos aun están duros, que cuerpo y mente se han ido de vacaciones a lugares distintos y todavía no se han vuelto a asociar para que uno responda al mando del otro. Así y todo, unas 200 personas se hicieron presente en el Estadio Municipal para darle marco a la primera instancia del Hexagonal que entre Villa y Sanfra pergeñaron, para encontrarse con equipos que aun están delineando su juego, otros que estrenando DT, recién están conociéndose con sus nuevos compañeritos. Caras nuevas, caras que ya habíamos visto, pero con otros colores. Caras que creímos no volver a ver. Todo puesto en la coctelera de un domingo que no fue de súper acción, que tuvo si algún tirito, pero que seguro todos guardaron balas para otras guerras, porque ya se sabe que jugador que huye sirve… bueno, no, no se sabe.
Más o menos a la hora de los fideos, con un calor quemacabezas, se le dió semáforo verde al primer chico que tuvieron San Francisco y Todd, pero entre el equipo de Teto Medina y el último campeón apenas si pudieron criarlo y se les fue yendo de las manos con el correr de los minutos. Los dos mostraron poco juego, apenas se pudo vislumbrar cierto orden, cierta sana de intención de mover la pelota por parte de Sanfra y poco más. Certero en la zona caliente, y más filoso, El Santo fue más. Más y mejor. Y si bien recién sobre el final pudo garantizar el triunfo, tuvo el control casi durante los 90. En el contexto de un mercado de pases vertiginoso, con idas vueltas, dimes y diretes, los dos llegan a este nueva temporada casi con los mismos hombres que terminaron en Clausura 09’. Sanfra, con la consigna de la reivindicación, Todd con la tarea fina de dar pruebas que lo que ganó lo ganó bien. Terminó 4 a 1 para los de Medina, pero el marcador queda relegado ante otras búsquedas que no permiten sacar conclusiones finales de hechos parciales, estos son apenas 80 minutos de un fútbol que todavía no volvió de la playa, y no da siquiera para andar levantando castillitos de arena.
La segunda función la animaron entre Palermo y Villa. Mucha era la expectativa por ver que si los alumnos del Maestro Cericola habían retomado las clases dispuesto a no ensuciar el boletín con malas calificaciones. Y más o menos se las arreglaron para no quedarse sin recreo, aunque seguro se llevaron pila de deberes para la semana. El regreso de Palermo a la Liga fue (cuanto menos) auspicioso. Auspicioso es esa palabra que se usa para decir que jugaron más bien que mal y que capaz que más adelante jueguen mejor. Al menos para los de Cericola la exigencia será mayor, ya que ha formado un equipo cuyos apellidos invitan a creer en una propuesta ofensiva. No es que Villa no, pero es que Sanjurjo se quedó con poco de lo mucho que supo tener y todo hace pensar que será un año duro para los bichos colorados. Que empezaron ganando con gol de Armendáriz haciendo un poco de ruido en plena siesta dominguera. Pero poco le duró la pilcha a Villa, porque al ratito nomás los verdes desnudaron muchas de las falencias Villeras cerrando el primer capitulo con una ventaja que luego sobre el final de la historia, Villa achicaría si bien no como para ponerla parda. Con casi todas las cartas bravas: Ezequiel Mendoza, Mario Herrera, Diego Cuniolo, el cervecero sumó poroto a poroto, se hizo cartas hasta cuando la mano venia floja y dejó una mejor imagen. El Clásico de Ruta 8 tuvo una partida más, y Palermo lució más entero.
La suerte quiso que Huracán y Brown se vieran las caras antes del inicio del apertura. Pero tanta suerte no íbamos a tener y salió un partido feíto. Mucha predisposición para la fricción, para el diente apretado, pero poco y nada para jugar. El Verdinegro lo empezó a ganar desde el amanecer del partido. La Vieja Mansilla de tiro libre puso el 1 a 0 que a la postre (aunque ya era hora del mate) acabó por ser definitorio. Con casi todos los que van a jugar el Torneo, los de Chaza intentaron parecerse a su mejor versión, pero la foto salió movida. Huracán, por su parte, si se pareció mucho a lo que mostró en el ‘09y por eso careció de buenas ideas, aunque con mucho despliegue supo hacer que lucieran de igual a igual, cuando en verdad desde los apellidos y su potencial, la diferencia es notoria. Con Raúl Oviedo en el banco (también Juan Tejera muy activo dando indicaciones) El Globo dió comienzo a lo que seguro será un año con camino sinuoso, apoyado en la 4ta subcampeón, sin los Herrera, ni los Ponce, ni los Pérez, la quema buscará no arder en el infierno, mientras que Brown viene abriendo el Paragua con Gómez Rojas y Gorosito que no estuvieron, como si lo hicieron desde el arranque Cesar Pérez y luego ingresando por un desconocido Marcos Pacheco, Pablito Duarte, ambos con un rendimiento auspicioso, que quiere decir los mismo que ya explique.
